30.12.09

Ojeras

Ahora pienso en ellos como en lágrimas. Que a veces aparecen y captan toda nuestra atención. Son los protagonistas que no podemos evitar que desaparezcan, se evaporen o caigan al suelo y se confundan con el mundo. Esos momentos de calma y leve felicidad que vienen con fecha de caducidad impresa. Ese tiempo que viene a ser lo que todos esperamos de esta vida, y que yo gasto con la misma asiduidad que los kleenex.

Curiosa metáfora, al menos para mí, que sé de llorar.

Lágrimas que a fuerza de salir podrían dejar surcos como ojeras. Como las tuyas, que también me gustan.

15.12.09

Daysleeping

Se revolvió en la cama y estiró el brazo esperando que, al estilo de tantas películas, le sorprendiera lo que allí había o dejaba de haber. Pero lo que no hubo fue sorpresa, acaso esa podría ser la propia sorpresa. Todo estaba tal y como lo dejó anoche antes de cerrar los ojos. Así que volvió a esconder el brazo (¡qué rápido se enfrían las manos en invierno!) bajo el nórdico y se dejó caer de nuevo en el sueño comatoso que sólo le servía para descartar los interludios. Cuando volviera a despertar tendría una nueva oportunidad de que le pasara algo, al estilo de tantas películas.

A estas alturas ya le daba igual si era de terror.

10.12.09

Marlowe in the blues



Está sentado en la esquina de la mesa, balanceando la pierna derecha mientras masca chicle. La viva imagen de la despreocupación, de la sofisticación de andar por casa y la tranquilidad que proporciona el ocio. Y la mirada perdida, obligatoria en estos casos, necesaria para completar el cuadro, el principio de la película, el plano principal donde dejar pasar los títulos de crédito. La habitación neblinosa por no se sabe qué extraño fenómeno atmosférico y sucia por el evidente paso del tiempo. Pero en esa esquina de la mesa y en el balanceo anida un bramar de tripas, volcanes digestivos y amenazas de humillación. El chicle no sirve más que para acompasar el castañeteo y humedecer la boca. La mirada no está perdida, que mira muy adentro, a los recovecos donde suelen guardarse los pasados que nunca ocurrieron, que son como el futuro, inexistentes. El reloj se empeñó hace meses en marcar siempre la hora que no debería ser, siempre la hora equivocada. Una hora indefinida. La hora en que suele dibujarse tras el cristal opaco de la puerta del despacho la silueta de una de esas mujeres fatales que tanto abundan en esta época blanquinegra. La hora en que la silueta llama a esa puerta, golpeando sutilmente el cristal, y él le dice que pase. La hora en que, bamboleándose como sólo las mujeres que realmente le gustan saben hacer, ella se le acerca más de lo que dicta el protocolo y le susurra que tiene un problema y necesita ayuda. Esta es la hora en que todos los temblores y angustias que tenía se aprestan a irse para dejarle sitio a unos nuevos. Esos nuevos que él, como buen detective, sabe, simplemente mirando esas medias, que no tardarán en llegar.

27.11.09

Obviamente


A todos los que me preguntan si se puede les tengo que decir que sí, se puede. A todos los que les extraña tanto el tiempo les tengo que aclarar que no debe ser tan raro. A todos los que piensan que pasará les pongo en duda su don de la videncia. A todos los que cierran los ojos les digo, como a los niños, que no me he ido. A todos los que me desean lo mejor les reitero que compartimos el deseo. A todos los que incendian el recuerdo les comento que hay cosas que no arden. A todos los que desgranan teorías más o menos matemáticas sobre la imposibilidad o posibilidad (o deberíamos hablar de probabilidades) de la coexistencia de planos paralelos yuxtapuestos y contrarios les acompaño a que me miren en el espejo. A todos los que sacan su libreta de notas con las lecciones de lo que es importante y no, les enseño mis libros encuadernados. A todos los que la miran y me miran y me dicen ya está bien les tengo que recordar que no tienen mis ojos. A todos, incluso a mí, les tengo que decir que es todo esto, pero que tiene que haber algo más, obviamente.

26.11.09

Guiding light(ning)

Si leyera poesía
Si hubiera leído poesía
Podría hacer un alegato
De estas líneas
En contra del relámpago que eres
Y me guía

En contra de la mayoría
De segundos de oscuridad
Y los mínimos destellos
Que no (me) sirven
En contra de la tormenta que te lleva
Donde (no) quier(o)e

Pero no leo poesía
No he leído poesía
Y no me quedan recursos
Para patalear
Con estilo, aunque fuera de moda,
Contra ti

(...contra mí, contra el poco sentido que tiene viajar de noche a la luz de la tormenta...)

El fin del mundo (o vull ser Quim Monzó)

El hombre que de niño tenía miedos nocturnos respiró hondo y se dijo a sí mismo: Así que era esto. Aprovechó que no había tráfico para pararse en la calzada y sentir, por qué no, los músculos de los brazos tensos por las bolsas de la compra. Así que esto es estar despreocupado, se repitió el hombre que de niño tenía pesadillas con el fin del mundo, esto es entender que no hay por qué agobiarse. Y aunque no estaba seguro de comprenderlo del todo le bastaba con vivirlo, sentirlo entrar en cada bocanada profunda de aire contaminado de ciudad moderna. La palabra podía ser tranquilo, pero al hombre que de niño no confiaba en el futuro no le gustaba ponerle nombre a las cosas con demasiada prisa por si se torcían. Respiró una última vez con las ganas nuevas e hizo coincidir el dolor de los brazos con el ruido del tráfico y la vuelta a la infancia. De nuevo el fin del mundo.

12.11.09

Chemical Boy


Al fin y al cabo todo es química. Levantar la mano para alcanzar el despertador y apagarlo. Querer apagarlo. Oírlo incluso. Todo son reacciones, sustratos, productos y enzimas. Levantar la misma mano para parar la guagua. Querer pararla. Saber que es ésa. Subir y todo lo que viene después. Todo es química y todo pasa fuera de nuestro control. Moléculas que se convierten en otras, interaccionan entre sí, o no, en cantidades nunca justas ni necesarias. El azul del cielo tambien es química, pero no de la que me importa ahora. La que me importa ahora es la que se para a mirar el azul del cielo un día y al otro no se da cuenta de que no está nublado. La niebla que me acompaña y el viento que me traes son química. Química la mirada al suelo y los pasos pesados. Químicas son las taquicardias, los ahogos, pero tambien las esperanzas, las risas, las flores y los escotes de las camisas. Química eres tu, como dicen tantas canciones, pero de otra manera también. Las reacciones que hoy me atañen pasan sin que yo pueda hacer nada. Ni siquiera a base de mística, herética, ascética o incluso diurética. Química es todo, Dios me libre, aunque empiezo a pensar que él también lo es un poquito bastante. Mis lágrimas proceden de la química, de ella son y a ella regresan al caer o no caer al suelo. Y así mis suspiros no son más que constantes desajustadas, inhibiciones competitivas, acompetitivas y no competitivas, pero inhibiciones al fin y al cabo; velocidades de reacción de pendiente absurda, Michaelis y Menten (los dos) cagándose en mi estampa mientras Lineweaver y Burke (más el primero) aplauden entre carcajadas.

Todo es química, culpa de ella, a causa de ella. Asi que no es irónico pensar que en ella está la solucion y que a ella recurriré si no queda más remedio (ya sea físico, biológico o antropométrico).

Todo es química y ella me salvará (si las matemáticas no lo impiden).

2.11.09

Haikus a 0,60

Llegan las nubes
Se llevan las promesas
Y dejan mierda

(cambiemos nubes,
mierda y promesas por,
digamos, gente)

1.11.09

Ciencias acuáticas


Tengo que aprovechar estos momentos. Hacer algo con ellos. Sacarle un poco de partido a los minutos o las horas en que las matemáticas son aún más utópicas, más inútiles y menos exactas. Este tiempo en que ni la biología logra hacer que ocurra lo que la física y la química no dejan que pase. Tengo que hacer algo porque no puede ser, evolutivamente hablando, que se consuma tanta energía en algo no reproductivo. Porque si un arqueólogo encuentra mi cadáver en el futuro y sus técnicas le permiten sondear lo que fue cerebro y lo que quizá fue alma, no quiero que se lleve una imagen equivocada del siglo XXI. Puedo escribir y dejarle algo a la literatura, pero no creo que ella se merezca que le toque tanto las pelotas. Tengo que aprovechar el tirón hacia abajo para otra cosa que no sea estamparme contra el suelo o la humedad en el espejo. Mientras me lo pienso hago cosas normales, según las leyes de la fisiología, nada que atente contra las normas establecidas. Pero sigo dándole vueltas a la idea de gestionar bien todo esto. Sigo dando vueltas al espacio vacío neuronal y las sinapsis ya no saben cómo demostrarme nada. A lo mejor este empeño en hacerle caso a la economía, también a la psicología, no es tampoco buena idea. A lo mejor no hay nada mejor que no hacer nada, que de por sí ya es bastante peor. Demasiadas cosas a tener en cuenta. Yo sólo soy uno. Y me estoy duchando.

30.10.09

En la puerta


Nos sostenemos la misma puerta y no hay dos moléculas en nuestros cuerpos que estén vibrando igual. Estoy a punto de tener frío cuando sudas o despelotarme bajo tu nieve. Me falta nada. Me falta lo que te falta para terminar de convertirte en alguien que no tengo ni la más remota idea de quién es ni qué quiere pero que un día se sacó una foto en la que venía con instrucciones. Instrucciones que he perdido. Instrucciones que quizá lei absolutamente convencido de que yo sabía chino. Nos sostenemos la misma puerta y nos deseamos lo mejor y creo que ninguno de los dos está cerca de sentir algo remotamente parecido a lo que piensa el otro. A lo mejor todo es tan simple que yo llevo dando vueltas alrededor sólo por evitar la decepción de llegar tan rápido a destino. Nos sostenemos la misma puerta y casi podría decir que nunca respiramos el mismo aire. Ni siquiera cuando las alternativas eran pocas. Tú sales, yo entro, y no hay mayor metáfora que ésa para un viernes por la tarde.

Podría parecer que he vuelto. Y es cierto, he vuelto, pero no hay dos caminos iguales, ni de ida ni de regreso. No hay dos reacciones químicas que vayan a la misma velocidad (nunca). No hay dos formas de querer iguales. No hay dos pensamientos, que aunque formulados gramaticalmente exactos, quieran decir lo mismo, hagan sufrir lo mismo. Sí, he vuelto, pero de otra manera. Quizá ésta sea la buena.