10.7.09

To be


Por supuesto que es precoz y absurdo pensar en dejar un bonito epitafio (irónico, que no provoque carcajada, sino una sonrisita de medio lado dejando escapar un “¡qué cabrón!”). Tampoco creas que estoy pensando en dejarme ir entre suspiros decimonónicos de romántico con peluca empolvada, pelo sucio y tuberculosis galopante. Con lo rica que es una ducha y lo cansino que es toser. No te confundas. Ni soy un personaje de dibujos animados ni me quejo todo el tiempo. ¿O es que no se puede hablar de lo que no está de puta madre? No, no te preocupes ni me mandes a la mierda ni comentes por lo bajito ni me compadezcas. Esto ES así. Yo SOY así. Y a veces me dan ganas de llorar (si las contaras, aparte de perder el tiempo, quizás descubrieras que más veces que a ti… o no). Pero la mayoría de esas veces con un motivo. Sí, un motivo que te puede provocar risa, hastío o penica. Pero un motivo al fin y al cabo. No, no tienes que decir nada, ni curarme el susto ni cambiarme la vida. Te puedes quedar en silencio e incluso hacer como que no has oído nada. Esto es así. No pierdo el pelo para que tú lo vayas recogiendo a mi paso en espera de una cura milagrosa. Tampoco lo pierdo para que me señales con el dedo y te partas tu santo ojete cachondeándote. Lo pierdo y punto. Como pierdo la paciencia en bastantes ocasiones y me tengo que parar a respirar hondo, bajar las pulsaciones y repetirme que la angustia es pasajera, es lo único bueno que tiene la cabrona. Pero es mi angustia y se ríe cuando le presentas la lista de razones para que se vaya. Vino con nombre de mujer de ojos y sonrisa perturbadores y con ellos se irá si se tiene que ir (si es que las otras angustias que me habitan la dejan marchar). Cuando le dé la real gana. No cuando me rías o me llores o me palmees o me censures o me plantees o me escrutes o todas esas cosas que haces con buenas y malas intenciones. No, no me voy a morir de esto, ni hacer una película en la que Anthony Hopkins sea el mayordomo, ni siquiera un libro de suburbios y drogas (no los conozco), no me perderé por el camino, no pases pena, no me iré de donde siempre he estado. Es y soy. En la lengua que me parió ser y estar siguen teniendo vidas independientes.

6.7.09

DesRoeDn


El Consum, los trenes, mirar hacia arriba y no ver nada, las gotas de sudor si las cuento no acabo y resbalan con y sin cosquillas según por qué lado, las multitudes y las canciones con y sin desafinado, guitarras enlatadas y en directo tocadas gratis o en cooperativa, alcohol (siempre) y unas frases con giro de 180º puede que por no terminar de oír una sentencia de problema, cajas de cartón de varios formatos llenas de vidas aparentes y en cierto modo imprecisas, de nuevo el sudor por el calor y el anticipo del que vendrá por el trabajo bajo el calor, el cálculo de los parámetros de la nueva etapa, sus fríos, que los calores ya están catados, el presupuesto de cucal y colchones y posibles cajas de condones, tres o cuatro mil pulsaciones por minuto en cada escalera de metro, ese metro de andenes sudorosos y vagones con gripe acondicionada, y todas las putas veces que te me vienes como siempre, borrosa y siempre yéndote, con tus noes y tus sonrisas y tus ojos y tus prisas y la puta coincidencia de nuestras vidas. Todo eso, así, tal cual, sin un mísero guión ni un orden ni nada. Porque estaría bueno que las ideas estuvieran claras y ordenadas, precisamente ahora. De nada habrían servido las carreras certeramente elegidas y celebradas. Para poco las fiestas pagadas a precio de oro, su justo precio. Bienvenido el desorden que me gasto, las pelotas de saltarme lo preciso y sentir por una vez con aspersor, apostando dónde caerán las próximas dos o tres gotas y equivocándome siempre. Y que te me diluyas y no sepa muy bien cuándo y por dónde se me vendrán las tristezas que son verte y no verte y por supuesto no tenerte. Qué coño, un puntito de sorpresa. Las mil versiones de tu mirada siempre distante, cien mil mundos más allá de mí y de todo, que han chocado contra mis prisas y mis viajes y mis esfuerzos de sonrisa y han reventado en trillones de partículas que ahora también lo impregnan todo, pero no siempre, o siempre, pero no todo, o todo y siempre pero por partes, con flashbacks y flashforwards sin aviso ni orden ni concierto ni certeza porque no es cierto nada de lo que me pasa desde que me quedé gilipollas de repente. Por tu culpa.

2.7.09

Tenemos nuestros motivos

Y recogemos nuestras miradas del suelo y nos vamos. Dejamos atrás los bancos de madera que podrían ser simbólicos si quisiéramos pero no queremos. Tenemos nuestros motivos, cada uno los suyos. Y aunque el viaje es breve me da tiempo a cansarme de pensar de nuevo en todo. Y me río, por qué no, al comprobarlo. Al recibir la factura del poco tiempo compartido. Siempre me sale a pagar. Pueden ser mil las horas invertidas en sacarle brillo a la cabeza, mil los euros pagados por terapias inventadas, mil los kilómetros puestos en medio en cuanto el año lo permite, mil las frases repetidas para dentro mil veces, mil millones de veces. Que bastan dos segundos de mirada, dos palabras dichas sólo para mí (las que sean) o dos centímetros de escote para que la factura me deje en números rojos, sentado de nuevo en el banco de madera, mirando el espacio vacío y preguntando a nadie cómo era que se empezaba todo otra vez: las horas, los euros, los kilómetros y las frases. Tiene su gracia. O no.

28.6.09

Los japos deben estar locos


Dolor de tripa
El enemigo acecha
Pasa y se sienta

Si tú me quieres
Casi todas las noches
No importa el nombre

Sudores fríos
El enemigo pide
A él lo que quiera

Ojos azules
Un termómetro lleno
Quizá me quedo

O no
Enemigo
Quizá me vuelvo

Mientras
Suplique
Pierdo

26.6.09

Man in the mirror


El pájaro se posó en su ventana y le insultó en cuatro idiomas. Luego se fue prácticamente por dónde había venido. No había que darle demasiada importancia. El reino animal llevaba ya un tiempo insoportable. Por otro lado, le impactaba más otra noticia: los reyes de plástico, aunque fuera plástico del caro, seguían teniendo vísceras humanas, de éstas que se van estropeando con el tiempo y los maltratos y terminan por pararse y dejar el plástico quieto por siempre. Miles de años por delante para desaparecer. Demasiado rato. Demasiado en este mundo, aunque el plástico no se entere. Eso es lo que él pensó en aquel momento, sentado delante de la edición digital de varios periódicos a la vez. Y aunque alguna pestaña del navegador parpadeaba recordándole que hay cosas y momentos que deberían escribirse con mayúsculas, aunque le soplaban que hay suspiros de alivio y gozo que llenarían estadios enteros, la realidad te habla muchas veces (demasiadas) en ecuaciones de n-ésimo grado que no resolverás en tu puta vida, valga la redundancia. Y no hay ningún policía del karma que detenga a la gente que habla en matemáticas, aunque zumben como neveras y hagan amistad con chicas con peinados hitlerianos que, cómo no, enferman a cualquiera. Apagó el ordenador, olvidó el plástico y los suspiros infrecuentes y se asomó a la ventana, por adivinar el camino de los pájaros que insultan en varios idiomas. Se preguntó cuánto costaría un halcón, o un espantapájaros, o algo que se venda en números y no en funciones complejas que tienden a infinito. Sólo consiguió que le doliera la cabeza un día más, por intentar comprender con ella lo que seguía intuyendo que no podía ser tan complicado, tan matemático, tan jodidamente fuera de tono y de escena. Quizá es que se necesita usar otras vísceras para esto, que de algo se tendrán que estropear y morir y dejar la carcasa tirada (con el poco presupuesto que él tenía para plásticos todo sería bien rápido).

En el espejo notó que el corazón lo tenía ocupado en otros menesteres.

23.6.09

Pre-sentimiento

Sé que esta noche volveré a cuatro patas
(e intuyo que preferiría volver a cuatro pies)

También sé que la cara que perfilo
saboreo
duelo
evito
empaño
la cara que me revienta de todo lo bueno y lo malo a la vez y junto
la cara que me acompaña en todos los segundos de sobriedad
encontrará esta noche varios ratitos para presentárseme
nueva
y yo borracho
le daré dos mil de las sonrisas
y los pensamientos que me guardo
por no poder

Todo eso, en el momento entre dos copas

22.6.09

Fiestas

Cuando le quito el sabor a las victorias
(soy bueno desazonando)
las escapadas huelen todas a incompleto
se llenan los cuadernos de peorsería y almenos

No podría reprocharle ni un acento
ni una coma en otro lado ni un silencio
Sin embargo hay peros, siempre hay peros
Me sobran tantos
de todos los que te compré con aquel beso

Y andan toqueteando los cojones
Recordándome que riman con tequiero

17.6.09

...tota aquesta angoixa...


No sé si es reducto
O templo
Calabozo
O castillo de piedra negra impenetrable

Es lo que tengo
Y no tengo otra cosa
O sí tengo pero son cosas cargadas
Con balas de plata de la mala
Reusadas
Manchadas de sangre seca y dulzona, podrida

Es lo que tengo
Lo que me queda ahora mismo
La tristeza de los tiempos que me corren
Un gran vaho obstinado
Maloliente
Pero lo compro, me queda solo este dinero, suficiente

Me queda escupir en todo
En todo lo demás
Lo que no me deja aceptarme la agonía
Lo que realmente toca los cojones
Porque sí
Estoy triste
Y por una vez motivos me sobran
Me sobran pero me los quedo
No miento si bostezo y grito
Que ahora

Todavía

Aún sí, aún

Solo me apetece que los quemes tú
Si algún día vienes a prenderme

Y como no vienes
Me compro mi tristeza y me la quedo

14.6.09

De llorar y esas cosas


Te pediría que no le dieras importancia. Te lo pediría pero no creo que sea ni necesario ni efectivo. Así que haz lo que quieras cuando lo veas sentado en algún sitio del bar y puedas adivinar que algo no cuadra en la escena. Porque hace tiempo que se abrió el grifo y ya no hay drama ni lucha previos a la lágrima. No pasa siempre, pero puede que esté llorando. Que hoy la realidad (la misma de siempre) le haya pillado con la guardia baja, un pinchazo en el cuello, un principio de anemia o simplemente la lágrima pasaba, vio la puerta abierta… Y es que ya no hay por qué evitarlo. No tiene sentido esperar a estar en casa para enrojecer los ojos. Así que si lo ves y algo no te cuadra en la escena piensa que no es tan raro. Que no es raro enamorarse, ni siquiera de un imposible, y no es tan raro querer pasar página cada día y volver a leer la misma al día siguiente. No es extraño sentir pellizcos en el estómago durante tanto tiempo que algo tiene que estar ya fuera de sitio ahí dentro. No es tan inusual anhelar algo tanto que se pierda de vista el resto y que el anhelo se mantenga años y se pierda el sabor de las cosas reales. No es tan increíble querer abrazar la pared que con tantos golpes está moldeándole el físico y el carácter. Créeme, no es tan rara la escena, no hay nada fuera de lugar. Seguramente no encontró una película que ver, un libro que leer, no pudo escribir ningún exorcismo en prosa o el que escribió le sonaba tremendamente familiar a alguno que ya usó sin resultado. Y por eso está aquí. No es tan extraño, un hombre en un bar, un hombre emborrachándose en un bar, un hombre enamorado emborrachándose en un bar. Es simplemente un hombre enamorado que llora mientras se emborracha en un bar. No le des importancia. Llora porque no puede hacer nada diferente. Porque llorar es tan ineficaz como cualquier otra cosa, pero es lo que le sale, sin esfuerzo, sin drama, ojos abiertos, lágrimas de sobra, fuentes. Puedes ir si quieres, y hablarle, pero no le des importancia a sus ojos. Porque no la tienen.

10.6.09

Hoy no llueve


Pongámosle fecha, ¿por qué no? Hoy, cuando a mi mano de votar le sigue dando igual Europa, cosa que por cierto no lleva muy bien mi cabeza, y entonces le echa la bronca, y la mano se azora bastante y entonces dice que no, que no es culpa suya, que cómo le va a dar igual Europa, que la culpa es del culo, que es gordo y vago, y la cabeza dice que bueno, que gordo ni de coña, pero vago es un rato y entonces le echa la bronca a él y, qué quieres que te diga, a mi culo se la suda todo… Pues eso, que me lío, que hoy hace sol. Hace sol y calor. Y eso me suele gustar, aunque no todos los días me dé cuenta. Y mientras paseo bajo el sol porque hoy me he dicho a mí mismo que por qué no bajar caminando que el día está bueno y es ejercicio y no viene mal, y me he contestado que bueno que vale, que por qué no. Pues eso, que me enrollo, que mientras paseo hoy me dejo llevar más por los riffs de guitarra y las voces enérgicas y el romper a gritar y menos por las tonalidades menores aunque canten isthislove, m’hetornataenamorardetu, yonotengolaculpadequeteduelaelalma o can'ttakemyeyesoffofyou y esas cosas que otros días me encogen los h… el alma y me obligan a mirar hacia el suelo. Hoy me resbalan un poco. Siguen resistiéndose y me lamen al pasar, así que aunque resbalen dejan su pequeño rastro. Pequeño, hoy. Hoy hace calor y las chiquillas van más ligeras y pasean con más movimiento. Y yo las miro también con más movimiento y me recuerdan menos, hoy, a la que más miro y menos me mira y me encoge el alma y le dedico las canciones y las tonalidades menores, que se las dedico en silencio porque ya en voz alta me da un poco de vergüenza, y no de la torera, de la mala. Hoy, bajo el sol, caminando deprisa, como esos que empiezan a usar chándal cuando su médico arruga el entrecejo ante los valores analíticos del colesterol, hoy me pregunto si será una de ellas. Si hoy será el día. Y me contesto que puede ser, lo que ya es algo porque normalmente me contesto que no, al menos cuando voy paseando por la calle o sentado en el metro o en el tranvía y no estoy dentro de un bar con una copa en la mano y bastante borracho. Pero sigo caminando, no vaya a ser que el colesterol se me suba al culo. ¡Y es que pienso unas cosas! Me da que lo único que hago es alternar mis días de adolescente hormonal y disconforme con los de anciano quejumbroso y doliente. Y voy de uno a otro sin pasar por el de adulto apetecible, joven emprendedor o madurito interesante. Pero eso, hoy, me hace gracia. Miro a los lados y me digo que cuánta gente, que qué grande es Barcelona, qué pinto yo aquí, que soy de pueblo, y sonrío como de medio lado, porque aunque esto es una ciudad y hay mucha gente, uno no se termina de acostumbrar a hacer el tonto por la calle sin miedo a que lo señalen, que uno es de pueblo, así que sonrío poquito y de medio lado. Y hoy también pasa una nube y tapa el sol un momento, y pienso que mañana será otro día, probablemente nublado y en do menor, y con todas las chicas tapadas y parecidas a la misma de siempre. Y luego la nube se deshace, o se mueve, o un avión puesto por el ayuntamiento para alegrar a la chavalada municipal la destroza y entonces hace sol de nuevo y yo vuelvo a sonreír de medio lado, ya un poco cansado por tanta caminata y pienso en qué tendrá preparado el ayuntamiento para cuando se haga de noche y me contesto que nada, que ni los catalanes tienen las cosas tan bien resueltas. Así que, parado en el paso de peatones que hay justo enfrente de mi portal, entre las sombras que proyectan los edificios de L’Eixample que otro alcalde dejó levantar sin pensar en los efectos que tendrían sobre la salud soleada de sus convecinos, me dejo llevar por los consejos de mercadillo y no le pongo peros a la sonrisa, y no pienso en el después, y no me planteo el porqué de las cosas si las cosas vienen bien. Y es lo que intento hoy. Hoy, que hace sol, y con los ojos entornados no puedo más que verme atractivo y pensar en ella como esa pobre desgraciada que se está perdiendo algo muy grande, metafóricamente hablando por supuesto, que yo soy pequeñito desde que nací. Eso hoy, y la verdad es que me lo creo lo justo, así que, ya en casa, decido prestar más atención a la conversación que están manteniendo mi cabeza, mi mano (la de votar) y mi culo.