12.11.09

Chemical Boy


Al fin y al cabo todo es química. Levantar la mano para alcanzar el despertador y apagarlo. Querer apagarlo. Oírlo incluso. Todo son reacciones, sustratos, productos y enzimas. Levantar la misma mano para parar la guagua. Querer pararla. Saber que es ésa. Subir y todo lo que viene después. Todo es química y todo pasa fuera de nuestro control. Moléculas que se convierten en otras, interaccionan entre sí, o no, en cantidades nunca justas ni necesarias. El azul del cielo tambien es química, pero no de la que me importa ahora. La que me importa ahora es la que se para a mirar el azul del cielo un día y al otro no se da cuenta de que no está nublado. La niebla que me acompaña y el viento que me traes son química. Química la mirada al suelo y los pasos pesados. Químicas son las taquicardias, los ahogos, pero tambien las esperanzas, las risas, las flores y los escotes de las camisas. Química eres tu, como dicen tantas canciones, pero de otra manera también. Las reacciones que hoy me atañen pasan sin que yo pueda hacer nada. Ni siquiera a base de mística, herética, ascética o incluso diurética. Química es todo, Dios me libre, aunque empiezo a pensar que él también lo es un poquito bastante. Mis lágrimas proceden de la química, de ella son y a ella regresan al caer o no caer al suelo. Y así mis suspiros no son más que constantes desajustadas, inhibiciones competitivas, acompetitivas y no competitivas, pero inhibiciones al fin y al cabo; velocidades de reacción de pendiente absurda, Michaelis y Menten (los dos) cagándose en mi estampa mientras Lineweaver y Burke (más el primero) aplauden entre carcajadas.

Todo es química, culpa de ella, a causa de ella. Asi que no es irónico pensar que en ella está la solucion y que a ella recurriré si no queda más remedio (ya sea físico, biológico o antropométrico).

Todo es química y ella me salvará (si las matemáticas no lo impiden).

2.11.09

Haikus a 0,60

Llegan las nubes
Se llevan las promesas
Y dejan mierda

(cambiemos nubes,
mierda y promesas por,
digamos, gente)

1.11.09

Ciencias acuáticas


Tengo que aprovechar estos momentos. Hacer algo con ellos. Sacarle un poco de partido a los minutos o las horas en que las matemáticas son aún más utópicas, más inútiles y menos exactas. Este tiempo en que ni la biología logra hacer que ocurra lo que la física y la química no dejan que pase. Tengo que hacer algo porque no puede ser, evolutivamente hablando, que se consuma tanta energía en algo no reproductivo. Porque si un arqueólogo encuentra mi cadáver en el futuro y sus técnicas le permiten sondear lo que fue cerebro y lo que quizá fue alma, no quiero que se lleve una imagen equivocada del siglo XXI. Puedo escribir y dejarle algo a la literatura, pero no creo que ella se merezca que le toque tanto las pelotas. Tengo que aprovechar el tirón hacia abajo para otra cosa que no sea estamparme contra el suelo o la humedad en el espejo. Mientras me lo pienso hago cosas normales, según las leyes de la fisiología, nada que atente contra las normas establecidas. Pero sigo dándole vueltas a la idea de gestionar bien todo esto. Sigo dando vueltas al espacio vacío neuronal y las sinapsis ya no saben cómo demostrarme nada. A lo mejor este empeño en hacerle caso a la economía, también a la psicología, no es tampoco buena idea. A lo mejor no hay nada mejor que no hacer nada, que de por sí ya es bastante peor. Demasiadas cosas a tener en cuenta. Yo sólo soy uno. Y me estoy duchando.

30.10.09

En la puerta


Nos sostenemos la misma puerta y no hay dos moléculas en nuestros cuerpos que estén vibrando igual. Estoy a punto de tener frío cuando sudas o despelotarme bajo tu nieve. Me falta nada. Me falta lo que te falta para terminar de convertirte en alguien que no tengo ni la más remota idea de quién es ni qué quiere pero que un día se sacó una foto en la que venía con instrucciones. Instrucciones que he perdido. Instrucciones que quizá lei absolutamente convencido de que yo sabía chino. Nos sostenemos la misma puerta y nos deseamos lo mejor y creo que ninguno de los dos está cerca de sentir algo remotamente parecido a lo que piensa el otro. A lo mejor todo es tan simple que yo llevo dando vueltas alrededor sólo por evitar la decepción de llegar tan rápido a destino. Nos sostenemos la misma puerta y casi podría decir que nunca respiramos el mismo aire. Ni siquiera cuando las alternativas eran pocas. Tú sales, yo entro, y no hay mayor metáfora que ésa para un viernes por la tarde.

Podría parecer que he vuelto. Y es cierto, he vuelto, pero no hay dos caminos iguales, ni de ida ni de regreso. No hay dos reacciones químicas que vayan a la misma velocidad (nunca). No hay dos formas de querer iguales. No hay dos pensamientos, que aunque formulados gramaticalmente exactos, quieran decir lo mismo, hagan sufrir lo mismo. Sí, he vuelto, pero de otra manera. Quizá ésta sea la buena.

28.10.09

...sin primavera

Estoy comprando hielo
Para las tardes que vienen
Y no me convencen los precios
Ni el recargo
Ni los gastos
Hay tanto impuesto

Si saco un seis gano, si me quedo corto hay una carcel a cada lado

27.10.09

Relats conjunts VI


MUNDOS PARALELOS - Daniel Estebe (una nova proposta de Relats Conjunts)


Tu fe nuclear resuelta con papel de embalar. Aunque no recuerdes cuándo gastaste todo ese dineral. Ni cuánto fue ese dineral. Supongo, creías, que eso no era importante. Papel y cinta adhesiva. Kilómetros de aislante. Centímetros aislantes. Tú y tu mania de ser auténtico. Queriendo ser tú sin circunstancias.

Por algun lado empecé. En alguna esquina está el comienzo, una pestañita de la que tirar. TIENE QUE EXISTIR.

Me contaste tu plan y no tuve los huevos de reaccionar. Realmente aún no sé que podría haberte contestado. Me cansan los vaivenes, me dijiste. Hoy aquí, en este reducto de gloria y mañana mendigando dos sonrisas y un kleenex seminuevo. El corazón latiendo arrítmico perseguido por canciones que no le dejan decidir si está queriendo querer, desquererse, correr o mandarlo todo a tomar por culo, con acritud. Ser víctima de frases ajenas, miradas (que sin espejo son todas extranjeras) e inclemencias del tiempo. Qué hay de real en todo esto si todo es real, me preguntabas.

El jarrón esta roto. Y no podría decir desde cuándo. El reloj lleva mucho tiempo (¿tiempo?) parado. Tampoco sé cuándo empecé a buscar el principio de este papel que no tiene final. Dónde empieza afuera y acaba de una puta vez este dentro, tan auténtico que ahora solo puede terminar. Si encuentro la esquina, si tiro del papel.

Así que compraste todo el papel. Un instinto nuclear rediseñado según la portada del catálogo de IKEA. Y con papel. Ser yo sin circunstancias, me repetiste. Allá tú, quise decirte, allá tú sin circunstancias. Allá tú sin cargarle la culpa al tiempo y las canciones tristes y las películas malas. Allá tú sin perseguir las faldas y las copas y los conciertos.

También podría arrancarlo todo y atravesar cualquier pared. Salir de una vez de este exceso, de este abuso de mí mismo. Con suerte romperé una ventana y me diluiré en azul. Si es que no ha habido alguien que se haya cansado también de los vaivenes y haya decidido estabilizar el mundo a su manera. Si es que todo lo que no soy yo sigue ahí fuera. Si es que no decido seguir buscando el principio de este papel de las narices.

En el fondo te envidio. Al menos ahí dentro se estará calentito.

21.10.09

¡Quién lo iba a decir! (2)


15.10.09

...és bona


Sé que soy yo el que empezó la cuenta de estas absurdas batallas. Que a ti te la suda ampliamente si es que acaso notas como te rasco en una de tus espaldas con una uña de meñique desnutrido. Yo fui el que se llevó todo esto al terreno personal y comparó tus curvas con las de mis venas y tus noches estrelladas con mi falta de luces. Tú existías antes de todo esto, de una u otra manera, y así seguirá siendo cuando yo ya no viva aquí. Sé que sólo a mí me importan estas mierdas que ni siquiera me importan mucho, que sólo llenan páginas inexistentes. Sé que empezar una guerra es saber que vas a perderla.

Pero anoche te gané. Anoche tuviste que mirarme a la cara y reprimir la sonrisa. Voy a buscar la lista de victorias y poner un palito al lado de mi nombre, quizá el primero. Anoche me viste pasear por tus aceras mojadas y no supiste hacerme resbalar. Yo no habría caído. Busqué uno de tus ojos y te sostuve la mirada. No quisiste retarme, nunca lo has hecho, y no sé ganar, no suelo hacerlo. Pero anoche, has de reconocer, me gané el abrazo de tus calles.

He aprendido a quererte un poco. Quizá lo habría logrado antes si no me hubiera empeñado en declararte la guerra por hermosa.

9.10.09

En la/el 74

Una historia alegre con personas que corren esquivando los coches en carreteras mojadas. Van con los brazos abiertos en busca de algo que ya han encontrado, y de esa certeza se alimenta su alegría. Con tropezones que no duelen sino hacen reír a los conductores que levantan su puño insultando sin creérselo al infortunado tropezador, sólo porque tienen que hacerlo. Porque es su papel en este cuento de gente afortunada de vivir, porque así es la vida si de una vez te das cuenta de que andabas mirándola por el lado opaco del vaso de tubo. Los coches siguen pasando y tocando la pita y los corredores en las calles mojadas los esquivan sin peligro ni preocupación, todo es demasiado perfecto para perderlo por un giro trágico del argumento.

La calle está algo húmeda cuando la veo desde el cristal sucio de la guagua. Y pienso que no sería difícil esquivar estos coches al trote lento del atasco. Pienso que hay demasiadas ópticas, pero que también hay demasiados ojos. No todos son los tuyos y no a todos los encontraré por más que los busque. Dudo si darle la vuelta al vaso. Primero me acabaré la bebida, luego consultaré el horario de apertura de las ópticas, la velocidad media de los coches en General Mitre, el pronóstico del tiempo para los próximos meses…

Las historias son alegres porque son historias. Aunque también las hay de otros tonos y siguen siendo historias que contar.

Polvo azul


¿Qué hay de azul en todo esto?

Mis dedos embarcándose por su cuenta en misiones suicidas y el mundo comienza a reducirse a colores planos. Te me presentas azul sin pedir permiso y sin venir a cuento. ¿Desde cuándo eres azul? ¿Desde cuándo veo las piernas vibrando en longitudes de onda conocidas? Me pregunto qué hay de azul en todo esto y por qué hoy. Porque si tú eres azul, y lo eres, se me ocurren rojos oscuros como sangre coagulada que se me pega al cuerpo y no se diluye (he de frotar, tengo que, debo). Se me vienen reflejos de algún verde inesperado y sorprendente. Y un amarillo que he de broncear. Mis dedos aventureros no dejan que mis manos me expliquen qué paleta se ha vaciado delante de mi vida hoy. Quizá es todo lo contrario. Es todo más complejo e intrincado, menos plano. Será que som com cendres, animes de minerals y emprendo camino a mi sustrato original. Mis manos empeñadas en nadar en aguas bravas y yo fundiéndome con el polvo del paso de los siglos. Polvo que lo impregna todo y a la vez vuela de cualquier lado a cualquier otro. Cenizas que reflejan aleatoriamente (o no) las luces del momento dejándome creer que eres azul y yo estoy hundido entre almohadones.