
Por supuesto que es precoz y absurdo pensar en dejar un bonito epitafio (irónico, que no provoque carcajada, sino una sonrisita de medio lado dejando escapar un “¡qué cabrón!”). Tampoco creas que estoy pensando en dejarme ir entre suspiros decimonónicos de romántico con peluca empolvada, pelo sucio y tuberculosis galopante. Con lo rica que es una ducha y lo cansino que es toser. No te confundas. Ni soy un personaje de dibujos animados ni me quejo todo el tiempo. ¿O es que no se puede hablar de lo que no está de puta madre? No, no te preocupes ni me mandes a la mierda ni comentes por lo bajito ni me compadezcas. Esto ES así. Yo SOY así. Y a veces me dan ganas de llorar (si las contaras, aparte de perder el tiempo, quizás descubrieras que más veces que a ti… o no). Pero la mayoría de esas veces con un motivo. Sí, un motivo que te puede provocar risa, hastío o penica. Pero un motivo al fin y al cabo. No, no tienes que decir nada, ni curarme el susto ni cambiarme la vida. Te puedes quedar en silencio e incluso hacer como que no has oído nada. Esto es así. No pierdo el pelo para que tú lo vayas recogiendo a mi paso en espera de una cura milagrosa. Tampoco lo pierdo para que me señales con el dedo y te partas tu santo ojete cachondeándote. Lo pierdo y punto. Como pierdo la paciencia en bastantes ocasiones y me tengo que parar a respirar hondo, bajar las pulsaciones y repetirme que la angustia es pasajera, es lo único bueno que tiene la cabrona. Pero es mi angustia y se ríe cuando le presentas la lista de razones para que se vaya. Vino con nombre de mujer de ojos y sonrisa perturbadores y con ellos se irá si se tiene que ir (si es que las otras angustias que me habitan la dejan marchar). Cuando le dé la real gana. No cuando me rías o me llores o me palmees o me censures o me plantees o me escrutes o todas esas cosas que haces con buenas y malas intenciones. No, no me voy a morir de esto, ni hacer una película en la que Anthony Hopkins sea el mayordomo, ni siquiera un libro de suburbios y drogas (no los conozco), no me perderé por el camino, no pases pena, no me iré de donde siempre he estado. Es y soy. En la lengua que me parió ser y estar siguen teniendo vidas independientes.







