
Al fin y al cabo todo es química. Levantar la mano para alcanzar el despertador y apagarlo. Querer apagarlo. Oírlo incluso. Todo son reacciones, sustratos, productos y enzimas. Levantar la misma mano para parar la guagua. Querer pararla. Saber que es ésa. Subir y todo lo que viene después. Todo es química y todo pasa fuera de nuestro control. Moléculas que se convierten en otras, interaccionan entre sí, o no, en cantidades nunca justas ni necesarias. El azul del cielo tambien es química, pero no de la que me importa ahora. La que me importa ahora es la que se para a mirar el azul del cielo un día y al otro no se da cuenta de que no está nublado. La niebla que me acompaña y el viento que me traes son química. Química la mirada al suelo y los pasos pesados. Químicas son las taquicardias, los ahogos, pero tambien las esperanzas, las risas, las flores y los escotes de las camisas. Química eres tu, como dicen tantas canciones, pero de otra manera también. Las reacciones que hoy me atañen pasan sin que yo pueda hacer nada. Ni siquiera a base de mística, herética, ascética o incluso diurética. Química es todo, Dios me libre, aunque empiezo a pensar que él también lo es un poquito bastante. Mis lágrimas proceden de la química, de ella son y a ella regresan al caer o no caer al suelo. Y así mis suspiros no son más que constantes desajustadas, inhibiciones competitivas, acompetitivas y no competitivas, pero inhibiciones al fin y al cabo; velocidades de reacción de pendiente absurda, Michaelis y Menten (los dos) cagándose en mi estampa mientras Lineweaver y Burke (más el primero) aplauden entre carcajadas.
Todo es química, culpa de ella, a causa de ella. Asi que no es irónico pensar que en ella está la solucion y que a ella recurriré si no queda más remedio (ya sea físico, biológico o antropométrico).
Todo es química y ella me salvará (si las matemáticas no lo impiden).