6.4.09

Océanos y escritorios


Ni siquiera el post-it está roto del todo. Cuelga a medias, con su pegamento a medias, roto a medias, lleno de palabras, notas que no son más que frases a medias. La batería del móvil está a medias (o menos, botella medio vacía) y todos los bolígrafos de mi mesa están a medias, agotándose por difusión pasiva. No recuerdo la definición de difusión pasiva. Seguro que tiene que ver con un ser pasivo al que se la difunde todo, y flota en tinta de bolígrafos agotados, haciendo el muerto, mirando un cielo de rotulador pintado a trozos y con desgana. Ese tipo se deja llevar y le preocupa no saber adónde, pero se le hace pesado darse la vuelta y nadar. Sihadeserserá. La tinta azul y negra lo lleva lento, postergando la sorpresa que nunca llega. Y pasan risas, y vientres, y besos y vasos. Y ya han pasado y otros llegarán vete tú a saber cuándo. Y sólo las marejadas le preocupan, cuando el oleaje es tan intenso que ha de bracear sin remedio, y traga tinta de bolígrafos gastados, que luego tendrá que expulsar fuera de sí. A veces lo consigue en forma de letras (unos días más redondas que otras) y otros se tiene que conformar con llorar lágrimas azules y negras, que mojan como el agua y no dejan mancha pero dejan hueco. El tipo pasivo al que se la difunde todo no sabe si es por miedo al nado y al cansancio, pero intuye que lo más parecido en intensidad a esas marejadas es todo lo que pasa por su cabeza mientras flota a la deriva, mirando el cielo pintado a trozos, con rotuladores que se van gastando. Todo esto lo piensa mientras hace el muerto, llorando tinta o escupiéndola, yendo a donde no sabe y quizá no quiere, viendo pasar risas y vientres y besos y vasos, que a veces le tocan. Y él no sabe por qué ni por qué no.

0 veces han pensado lo mismo: