Anoche le hice una promesa a un niño que se llamaba como yo (es una historia muy larga). Conocer el futuro tiene estas ventajas: poder poner la cara seria, confiada y, sin mentir, asegurar que todo va a ir bien, que no hay nada que temer ni por lo que avergonzarse. Fue fácil. Ya digo, da ventaja conocer el futuro. Sin cuándos ni cómos ni porqués… simplemente confíaenmíquesédeloquehablo.
Él se quedó tranquilo, pero el cabroncete me hizo prometerle algo. Puso cara seria, confiada y me aseguró que todo iba a ir bien. Y me pidió que confiara en él, que le prometiera que iba a confiar. En unos 20 años podrá saber que yo no me creí esos trucos de marketing barato. Pero por un segundo imaginé viajes en el tiempo, o me dejé llevar por el momento o no quise cagarme en mi propia estrategia. Sí, lo prometí. Tenía que hacerlo. Y ahora tengo que poner buena cara y mirar hacia el futuro al menos con tranquilidad. Pero el nudo en la garganta y la miopía temporal me siguen dando de hostias todas las mañanas. Hablaré poco y abusaré de las gafas de sol.
Me debes una, niño del demonio.
7.5.09
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 veces han pensado lo mismo:
Publicar un comentario en la entrada