
Pongámosle fecha, ¿por qué no? Hoy, cuando a mi mano de votar le sigue dando igual Europa, cosa que por cierto no lleva muy bien mi cabeza, y entonces le echa la bronca, y la mano se azora bastante y entonces dice que no, que no es culpa suya, que cómo le va a dar igual Europa, que la culpa es del culo, que es gordo y vago, y la cabeza dice que bueno, que gordo ni de coña, pero vago es un rato y entonces le echa la bronca a él y, qué quieres que te diga, a mi culo se la suda todo… Pues eso, que me lío, que hoy hace sol. Hace sol y calor. Y eso me suele gustar, aunque no todos los días me dé cuenta. Y mientras paseo bajo el sol porque hoy me he dicho a mí mismo que por qué no bajar caminando que el día está bueno y es ejercicio y no viene mal, y me he contestado que bueno que vale, que por qué no. Pues eso, que me enrollo, que mientras paseo hoy me dejo llevar más por los riffs de guitarra y las voces enérgicas y el romper a gritar y menos por las tonalidades menores aunque canten isthislove, m’hetornataenamorardetu, yonotengolaculpadequeteduelaelalma o can'ttakemyeyesoffofyou y esas cosas que otros días me encogen los h… el alma y me obligan a mirar hacia el suelo. Hoy me resbalan un poco. Siguen resistiéndose y me lamen al pasar, así que aunque resbalen dejan su pequeño rastro. Pequeño, hoy. Hoy hace calor y las chiquillas van más ligeras y pasean con más movimiento. Y yo las miro también con más movimiento y me recuerdan menos, hoy, a la que más miro y menos me mira y me encoge el alma y le dedico las canciones y las tonalidades menores, que se las dedico en silencio porque ya en voz alta me da un poco de vergüenza, y no de la torera, de la mala. Hoy, bajo el sol, caminando deprisa, como esos que empiezan a usar chándal cuando su médico arruga el entrecejo ante los valores analíticos del colesterol, hoy me pregunto si será una de ellas. Si hoy será el día. Y me contesto que puede ser, lo que ya es algo porque normalmente me contesto que no, al menos cuando voy paseando por la calle o sentado en el metro o en el tranvía y no estoy dentro de un bar con una copa en la mano y bastante borracho. Pero sigo caminando, no vaya a ser que el colesterol se me suba al culo. ¡Y es que pienso unas cosas! Me da que lo único que hago es alternar mis días de adolescente hormonal y disconforme con los de anciano quejumbroso y doliente. Y voy de uno a otro sin pasar por el de adulto apetecible, joven emprendedor o madurito interesante. Pero eso, hoy, me hace gracia. Miro a los lados y me digo que cuánta gente, que qué grande es Barcelona, qué pinto yo aquí, que soy de pueblo, y sonrío como de medio lado, porque aunque esto es una ciudad y hay mucha gente, uno no se termina de acostumbrar a hacer el tonto por la calle sin miedo a que lo señalen, que uno es de pueblo, así que sonrío poquito y de medio lado. Y hoy también pasa una nube y tapa el sol un momento, y pienso que mañana será otro día, probablemente nublado y en do menor, y con todas las chicas tapadas y parecidas a la misma de siempre. Y luego la nube se deshace, o se mueve, o un avión puesto por el ayuntamiento para alegrar a la chavalada municipal la destroza y entonces hace sol de nuevo y yo vuelvo a sonreír de medio lado, ya un poco cansado por tanta caminata y pienso en qué tendrá preparado el ayuntamiento para cuando se haga de noche y me contesto que nada, que ni los catalanes tienen las cosas tan bien resueltas. Así que, parado en el paso de peatones que hay justo enfrente de mi portal, entre las sombras que proyectan los edificios de L’Eixample que otro alcalde dejó levantar sin pensar en los efectos que tendrían sobre la salud soleada de sus convecinos, me dejo llevar por los consejos de mercadillo y no le pongo peros a la sonrisa, y no pienso en el después, y no me planteo el porqué de las cosas si las cosas vienen bien. Y es lo que intento hoy. Hoy, que hace sol, y con los ojos entornados no puedo más que verme atractivo y pensar en ella como esa pobre desgraciada que se está perdiendo algo muy grande, metafóricamente hablando por supuesto, que yo soy pequeñito desde que nací. Eso hoy, y la verdad es que me lo creo lo justo, así que, ya en casa, decido prestar más atención a la conversación que están manteniendo mi cabeza, mi mano (la de votar) y mi culo.


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