
El agua se retiró bruscamente y allí quedó. Expuesto. En realidad no sabía si el agua se había retirado tan de repente, pero no encontraba otra explicación al hecho de que ahora se encontrara en tierra, sobre la tierra, directamente bajo el sol. Seco. Áspero. Caliente. Se ahogaba. O no, no se ahogaba. Podía respirar. Podía respirar mal, pero lo suficiente, al fin y al cabo. Echó todo de menos. El agua, el oxígeno disuelto, los charcos y todo lo que podía poner entre su piel y el sol achicharrante. Echó en falta el frío y la luz suave, la falta de luz. Lo echó todo en falta porque el agua no estaba allí, y no parecía que volviera a estar más. Al menos no como antes. No era como aquellas veces en que una marea lo dejaba fuera y tenía que aguantar hasta llegar al charco más cercano. Ahora no había “charcos más cercanos”. Estaban él, el sol, la tierra y esos pulmones primitivos que le permitirían aplazar la muerte. Estaba todo delante de él porque atrás no quedaba nada a lo que regresar, nada en lo que protegerse. Pero el sol era tan cabrón, la tierra tan seca y todo lo que estaba por pasar tan absolutamente lleno de mierda… Avanzando con sus musculosas aletas, entre fango hirviente y matorrales secos, no podía dejar de pensar en agua, en charcos, más o menos profundos, en temperaturas frescas, en días sin noches o noches sin días. Aquéllos en que todo fluía. Tuvo que ponerle nombre a tantas cosas que creyó olvidar otras tantas, las del agua, las del pasado branquial, las que nunca volvería a ver muy a su pesar. Tuvo que aprender y conquistar tantos minúsculos espacios que cada segundo era desfallecer. Y el recuerdo se lo comía todo, las pequeñas y las grandes victorias, las nubes que ocultaban el sol y la lluvia que refrescaba piel y pasos. Hocico pegado al suelo. Los pulmones ayudando lo justo para no morir.
Tras una gran roca lo que hacía siglos que no veía, un charco. Y alguien que le grita:
- Ey, cómo va eso…
- Pues mira… anar fent.
Tras una gran roca lo que hacía siglos que no veía, un charco. Y alguien que le grita:
- Ey, cómo va eso…
- Pues mira… anar fent.


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