2.7.09
Tenemos nuestros motivos
Y recogemos nuestras miradas del suelo y nos vamos. Dejamos atrás los bancos de madera que podrían ser simbólicos si quisiéramos pero no queremos. Tenemos nuestros motivos, cada uno los suyos. Y aunque el viaje es breve me da tiempo a cansarme de pensar de nuevo en todo. Y me río, por qué no, al comprobarlo. Al recibir la factura del poco tiempo compartido. Siempre me sale a pagar. Pueden ser mil las horas invertidas en sacarle brillo a la cabeza, mil los euros pagados por terapias inventadas, mil los kilómetros puestos en medio en cuanto el año lo permite, mil las frases repetidas para dentro mil veces, mil millones de veces. Que bastan dos segundos de mirada, dos palabras dichas sólo para mí (las que sean) o dos centímetros de escote para que la factura me deje en números rojos, sentado de nuevo en el banco de madera, mirando el espacio vacío y preguntando a nadie cómo era que se empezaba todo otra vez: las horas, los euros, los kilómetros y las frases. Tiene su gracia. O no.
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