
Puede que fuera tras oír una canción, pero me dio por intentar ver el futuro en un vaso de agua (¿por lo cristalino, por la transparencia?). Pero al agarrarlo tembló, y las ondas no me dejaron ver nada.
A lo mejor lo que hay que hacer es dejar las cosas claras ya. Dejarme de intentos de poesía y alteregos, de esconder lo que ya está escondido por vergüenza. Escupirlo todo bien clarito, sin mermelada ni azúcares varios. Sin disfraces de literatura barata ni ironías para reírnos todos de lo que no tiene ninguna gracia. A ver. Concretemos.
Te quiero.
Eso es lo que sé hasta ahora. Lo consistente, lo inamovible, lo inmutable. Le podemos poner mil adornos, peros o condiciones. Expliquemos que como tuvo un principio tendrá un fin, o incluso que realmente nunca ha existido (no beginning, no end). Neguemos su existencia si no es mutuo. Maticémoslo con el hecho de que es la necesidad la que ha moldeado la realidad, que te quiero porque quiero quererte, incluso se puede quitar el pronombre y dejarlo en que te quiero porque quiero querer, y punto. Quitemos las aristas a lo simple y diluyámoslo todo cuanto queramos. Dejemos morir las certezas en la duda, como todo en la vida real. Nada es totalmente cierto o falso, así o de otro modo. Saquemos la lista del clavo sacando otros clavos, del merecer o no merecer, del no hacerse daño a uno mismo, del tiempo al tiempo, de quiérete un poquito más. Untémoslo todo si quieres con cualquier otro matiz, fabulemos con personajes de nombre incierto en ciudades descritas con sorna o cariño. Hagamos todo eso. Hagámoslo a mi velocidad, demasiadas revoluciones por minuto. Y, de vez en cuando, machaquemos todas estas ganas bien menuditas, los millones de mensajes que he evitado mandarte, los cientos de mails que he borrado antes de enviar, los besos que le regalo al vacío por esquivarte, todo el dinero que me he ahorrado en regalos y los planes que no he hecho por no ponerte en ellos. Cortemos todo con mucho cuidado, rallemos, machaquemos. Y con todo ese polvo fabriquemos unas cuantas frases que te puedan decir todo eso sin tener que decírtelo, sin que tú te enteres, o no quieras enterarte. Y que otros las lean y al menos piensen que no han perdido demasiado el tiempo. Hagamos todo eso. Otra vez. Mientras, puedo intentar volver a coger el vaso de agua, ahora que se ha calmado, e intentar ver cuándo acabará todo esto.
Pero tiemblo.
Lo dicho: te quiero.
A lo mejor lo que hay que hacer es dejar las cosas claras ya. Dejarme de intentos de poesía y alteregos, de esconder lo que ya está escondido por vergüenza. Escupirlo todo bien clarito, sin mermelada ni azúcares varios. Sin disfraces de literatura barata ni ironías para reírnos todos de lo que no tiene ninguna gracia. A ver. Concretemos.
Te quiero.
Eso es lo que sé hasta ahora. Lo consistente, lo inamovible, lo inmutable. Le podemos poner mil adornos, peros o condiciones. Expliquemos que como tuvo un principio tendrá un fin, o incluso que realmente nunca ha existido (no beginning, no end). Neguemos su existencia si no es mutuo. Maticémoslo con el hecho de que es la necesidad la que ha moldeado la realidad, que te quiero porque quiero quererte, incluso se puede quitar el pronombre y dejarlo en que te quiero porque quiero querer, y punto. Quitemos las aristas a lo simple y diluyámoslo todo cuanto queramos. Dejemos morir las certezas en la duda, como todo en la vida real. Nada es totalmente cierto o falso, así o de otro modo. Saquemos la lista del clavo sacando otros clavos, del merecer o no merecer, del no hacerse daño a uno mismo, del tiempo al tiempo, de quiérete un poquito más. Untémoslo todo si quieres con cualquier otro matiz, fabulemos con personajes de nombre incierto en ciudades descritas con sorna o cariño. Hagamos todo eso. Hagámoslo a mi velocidad, demasiadas revoluciones por minuto. Y, de vez en cuando, machaquemos todas estas ganas bien menuditas, los millones de mensajes que he evitado mandarte, los cientos de mails que he borrado antes de enviar, los besos que le regalo al vacío por esquivarte, todo el dinero que me he ahorrado en regalos y los planes que no he hecho por no ponerte en ellos. Cortemos todo con mucho cuidado, rallemos, machaquemos. Y con todo ese polvo fabriquemos unas cuantas frases que te puedan decir todo eso sin tener que decírtelo, sin que tú te enteres, o no quieras enterarte. Y que otros las lean y al menos piensen que no han perdido demasiado el tiempo. Hagamos todo eso. Otra vez. Mientras, puedo intentar volver a coger el vaso de agua, ahora que se ha calmado, e intentar ver cuándo acabará todo esto.
Pero tiemblo.
Lo dicho: te quiero.










