26.4.09

...y me sigue pareciendo que me quedan cosas por decirte


Puede que fuera tras oír una canción, pero me dio por intentar ver el futuro en un vaso de agua (¿por lo cristalino, por la transparencia?). Pero al agarrarlo tembló, y las ondas no me dejaron ver nada.

A lo mejor lo que hay que hacer es dejar las cosas claras ya. Dejarme de intentos de poesía y alteregos, de esconder lo que ya está escondido por vergüenza. Escupirlo todo bien clarito, sin mermelada ni azúcares varios. Sin disfraces de literatura barata ni ironías para reírnos todos de lo que no tiene ninguna gracia. A ver. Concretemos.

Te quiero.

Eso es lo que sé hasta ahora. Lo consistente, lo inamovible, lo inmutable. Le podemos poner mil adornos, peros o condiciones. Expliquemos que como tuvo un principio tendrá un fin, o incluso que realmente nunca ha existido (no beginning, no end). Neguemos su existencia si no es mutuo. Maticémoslo con el hecho de que es la necesidad la que ha moldeado la realidad, que te quiero porque quiero quererte, incluso se puede quitar el pronombre y dejarlo en que te quiero porque quiero querer, y punto. Quitemos las aristas a lo simple y diluyámoslo todo cuanto queramos. Dejemos morir las certezas en la duda, como todo en la vida real. Nada es totalmente cierto o falso, así o de otro modo. Saquemos la lista del clavo sacando otros clavos, del merecer o no merecer, del no hacerse daño a uno mismo, del tiempo al tiempo, de quiérete un poquito más. Untémoslo todo si quieres con cualquier otro matiz, fabulemos con personajes de nombre incierto en ciudades descritas con sorna o cariño. Hagamos todo eso. Hagámoslo a mi velocidad, demasiadas revoluciones por minuto. Y, de vez en cuando, machaquemos todas estas ganas bien menuditas, los millones de mensajes que he evitado mandarte, los cientos de mails que he borrado antes de enviar, los besos que le regalo al vacío por esquivarte, todo el dinero que me he ahorrado en regalos y los planes que no he hecho por no ponerte en ellos. Cortemos todo con mucho cuidado, rallemos, machaquemos. Y con todo ese polvo fabriquemos unas cuantas frases que te puedan decir todo eso sin tener que decírtelo, sin que tú te enteres, o no quieras enterarte. Y que otros las lean y al menos piensen que no han perdido demasiado el tiempo. Hagamos todo eso. Otra vez. Mientras, puedo intentar volver a coger el vaso de agua, ahora que se ha calmado, e intentar ver cuándo acabará todo esto.

Pero tiemblo.

Lo dicho: te quiero.

25.4.09

El botón

El botón
Dónde está el Off
El Stop
El Pause…

¿Se podrá desenroscar el cráneo y
Dejar caer el cerebro en un tarro de gelatina
Para que flote ausente
Despreocupado?
Que todo alrededor sea silencio
Neutro
Que únicamente se escuche el suspiro de alivio de las
Diez o veinte neuronas (no hay más)
que podrán por fin descansar

Algún botoncito habrá
El Off, el Pause, el Stop
(otro whisky por favor)

Si lo encuentro te aviso
Te lo juro
Te diré:
Ya no me tiemblan las piernas si te veo
(o no te veo, o te veo con…)
Ya no quiero hacerte reír
(como única actividad de la jornada)
Ya no persiguen mis manos tu piel
Con la urgencia de la suavidad o el calor
Ya no estás plantada en mi pecho
Robándome espacio para respirar
Te diré:
Te quiero distinto
(o no te quiero ya)
Puede que eso no te lo pueda decir

Mientras tanto, sigo buscando el botón
El Off
El Pause
El Stop

24.4.09

No-final alternativo (I) del Mala Cara y la Intangible


Florecieron rosas nuevas en las esquinas de la ciudad que en primavera a veces te brinda un calor pegajoso (la ciudad que a veces en primavera te regala granizo). El chico de la mala cara recordó entonces a la gente que creía en magias y hechizos y maldiciones. Así que apretó los ojos fuerte y movió la punta de la nariz y puso en línea sus chakras y pensó con ganas en que quizá los ciclos se cierran y lo que empezó con una rosa con una rosa podría acabar. Y se encomendó a las rosas y en las rosas confió.

Silencio en Internet. Bullicio en la ciudad de los paseos atestados.

El chico de la mala cara recordó entonces otra cosa: los chakras y las narices que se mueven y los ciclos cósmicos y los hechizos son patrañas que bien se podían ir a tomar por el culo. Lo recordó y lo formuló en voz alta a la vez (a medida que se hacía mayor, el chico de la mala cara iba descubriendo los poderes que abrazar su lado femenino le conferían). En cambio sí existe el poder maléfico de las rosas. Y el chico de la mala cara pudo oír claramente en su cabeza el timbre que avisaba que el amor estúpido había fichado. Otro año. La chica intangible, que no era intangible para todos en la ciudad del cemento ondulado, sonreiría como sólo ella sabía al esquivar con gracia las espinas de la rosa, y el chico de la mala cara volvería a llorar cemento ondulado como sólo él había aprendido a hacer.

Y tuvo tentaciones, él, de salir a los paseos y las ramblas a mendigar algo de amor, y sintió que no hay nada más triste, drama más terrible, que querer y no ser querido. Y salió a las calles y recorrió de nuevo las esquinas que le vieron vomitar de pura tristeza. Y venció las náuseas. Pero tuvo que volver a casa, porque los mendigos de los paseos y las ramblas lo miraban sin rencor, que es la peor patada moral que te puede dar quien sí vive dramas terribles.

...a punto de comprar el periódico de ayer


El cabreo estuvo bien mientras duró, en plan dos dedos corazones levantados al unísono, fuckyou en estéreo. ¿Pero cuánto duró? ¿Y cuándo fue eso? El porqué sí lo recuerdo y no termina de convencerme. Pero se estaba bien con esa pelota de orgullo ocupando el suficiente espacio en el pecho como para mandar la pena y la autocompasión a tomar por culo a alguna esquina del bazo u otro órgano aparentemente inútil. Afortunada o desgraciadamente el orgullo (puede que sólo en mi caso) está fabricado con el mismo material que los pedos: patente pero lábil.

Ahora estoy de nuevo comprando periódicos de ayer. La única diferencia es que estos días los guardo sin siquiera abrirlos (mentira, a veces no puedo resistir la tentación de ojearlos) y a veces me compro una revista (algunas son de cardiología, otras tienen más fundamento) y la leo detenidamente, parándome en los detalles, paladeando las frases insulsas y acariciando el brillo del papel (son revistas caras). La pila de periódicos, sin embargo, sigue ahí, creciendo desordenada, como una pila de proyectos por hacer que nunca se llevarán a cabo, que es mejor no empezar pero que mantienen intacta la culpa que provoca el escaqueo. Algunos días no puedo evitar mirar la pila de papel amarilleante e intentar adivinar en los pliegues una foto premiable o un artículo jugoso, quizá el anuncio de que me conceden el Nobel (sí, hay días en que mejor no debería salir de la cama). Tiro del periódico y la pila se mueve, amenaza caerse con estrépito y me arrepiento. No quiero tener que recoger de nuevo millones de papeles del suelo de mi habitación. Sería estúpido repetir ese enorme esfuerzo. Sería estúpido deshacer tremenda columna romana de celulosa. Es estúpida la tremenda columna. Pero no sé dónde está el contenedor más cercano de papel y cartón. Tampoco sé si aceptaría periódicos caducados. Lo que sí sé es que esperaría pacientemente otro día para volver a comprar el periódico de ayer.

21.4.09

Micromundano de tantos

Sobras. Sobramos.

Érase una vez en la ciudad de las penas borrachas una suerte de amor alcoholizado. Historia universal. Nada nuevo. Cielos azules o grises repletos de suspiros o huérfanos de miradas que prefieren humedecer el suelo con lágrimas. Érase que se era algo que pasa demasiadas veces al día todos los días. Príncipes descoloridos en busca de princesas maleducadas y viceversa. Un resumen de todas las películas sin final feliz. El caldo de cultivo de todos los reproches de quien conoce mil verdades peores. La mueca de disgusto de todas las brujas que no tienen pócimas ni recetas para competir con la puta realidad. Érase una vez la vida y la sorda resignación porque todo es tan poco bonito. Érase que se era tú y yo y todo lo que eso conlleva. Un país nada lejano y gente que suda y moquea, como todos los demás.

Érase una vez una historia de empujar paredes una y otra vez. Un gesto repetido en mil frases y la madre de todas las ganas. Algo que pasa demasiadas veces al día todos los días. Y si me pasa a mí y no te pasa a ti, o viceversa, no significa nada. No es necesario, no es importante, no es siquiera interesante.

Sobro. Sobras. Todo esto. Sobramos.

19.4.09

Hablemos de follar


Que sí. Que el agua del canal me devuelve un reflejo verde sucio y no todo lo que oigo entre tanto jaleo es castellano (aunque ya le vale), pero me ha parecido verte en algún lado comiendo chocolate.

Y me pierdo como siempre entre tantos ojos, piernas, vuelos y faldas de entretiempo. Y aunque todo eso ocurre a varios días de distancia (muchos más me gustaría que fueran) ya dice una canción que veinteañosnoesnada y tal.

Aunque ya sólo te piense en flashes que deslumbran menos aunque duelan siempre… son flashes y duelen.

Que si de lejos y de espaldas alguna cabeza podría ser tan tuya.

Que aunque coja avión y carretera y haga fuerza con la mente y hable en inglés y piense en bárbaro y mire piernas escotadas, sigo intuyendo que esto tenemos que arreglarlo de alguna manera.

16.4.09

De feria

De tan sencillo aún no termino de creerlo
Debe ser el material del que fabrican las sorpresas
Dos puñados de cotidianeidad y una cucharada de
Algo así como
Forro de trajes espaciales?
Brillo de adoquines mojados?
El instante en que alguien compone una canción?
O el calor de la sopa en el estómago resacado…

Tan íntimo que lo pudimos hacer vestidos

Tan de prontamente bueno
Que aún me caliento las noches con tus abrazos
De feria

15.4.09

Een Vlaams liefdesverhaal


Que me preguntes de dónde vengo, y entre gritos y saltos yo te conteste y sonrías, y con inocente incredulidad, ojos de niña y dulzura educada respondas a mi duda estúpida de cómo se dice flamenco en flamenco (y olé).

Simplemente que te hayas bajado del podio donde yo te puse y tú bailabas me basta.

Ahora ya te tengo abrazada en la porción de césped que nos corresponde en el parque repleto de gente que, como yo, únicamente pretende que el momento, ese momento, exista. Te tengo abrazada pero no somos ni yo ni tú los que nos hemos quitado los zapatos y dormitamos al sol.

De vuelta a casa tendré que sustituir tu cara borrosa (tu cuerpo es nítido) por otras caras, anónimas o no, y la conversación breve por una noche eterna en la memoria. Todo sea por seguir supliendo con sonrisas exquisitas la falta de cariño.

…y ni siquiera te puedo poner un nombre con fundamento…

¡Quién lo iba a decir!




8.4.09

Día de partido


La ciudad se para si hay partido. Es verdad y es mentira. Se paran los coches en la Diagonal y punto. La tensión se nota en la velocidad de los que pasan en sentido contrario al mío. En las caras que imagino en los conductores atascados. En la música que hoy me suena demasiado alta. En el constante intento de no pensar.

Entro y me quedo de pie, no hay sitio… muchas bufandas blaugranas… si no apartas el coche el tranvía no pasa, “amigo”… me pellizco, aprieto el entrecejo, algo de dolor corpóreo, externo… date cuenta, C, hoy te ha importado un poquito menos, te ha dolido un poquito menos, la pelota en el estómago era más pequeña, el nudo en la garganta te permitía respirar, las ganas de no llorar le están ganando al lloriqueo… un tipo que sale del coche e intenta divisar el primer coche parado al final de la Avinguda… el libro se está acabando: mi amor es algo leve y difuso y sin sentido algo que se puede decir a la mitad de un bostezo… putos bostezos que a mí me nublan y me marean y me quitan el aliento… El atasco continúa, más coches parados, más conductores nerviosos… no debería haber dicho que no tan rápido, ser tan maduro y sonriente, debería haber sufrido un poco más, pero distinto, por otros motivos, por otra… Queda la dignidad… que le den por culo… aprieto las manos, fuerte, que las uñas están cortas y no llegan… date cuenta, C, que hoy que has sabido otra vez, otra vez incluso más, sigues vivo y sobrio… tengo que pasar por el súper y comprobar si las excusas que me doy para no quererte, para despreciarte, tienen fecha de caducidad… A lo mejor en la etiqueta del champú me aclaran si esto que me pasa es bonito para alguna escuela psicológico-cinematográfica o antropológicamente patético…

Se abren las puertas. La calle. Llueve. Aquí y en el Camp Nou.

Tros de fang


Me tomaría un vaso de agua
Pero tengo miedo
De que se me deshagan los labios
Y luego las manos y la humedad
Me suavice las formas
Me arranque el yo que nos sabemos
Con sus cuevas y aristas
Y todos sus recovecos

Con sed pienso peor
Temo enturbiar
El agua con ese barro que soy
Fango que moldeas aunque no quieras
Unos días con más
Otros con menos ganas
Y que no se mueve
Sin tus patadas

Me tomaría un litro de agua
Pero soy un cobarde
Porque en sueños me vienen flashes
De agua sucia, marrón y arcillosa
Que no calma la sed
Ni refresca ni tan siquiera moja
Y yo soy el barro
La masa fangosa

Tengo sed y miedo, las dos cosas

…a les teves mans un tros de fang…

6.4.09

Océanos y escritorios


Ni siquiera el post-it está roto del todo. Cuelga a medias, con su pegamento a medias, roto a medias, lleno de palabras, notas que no son más que frases a medias. La batería del móvil está a medias (o menos, botella medio vacía) y todos los bolígrafos de mi mesa están a medias, agotándose por difusión pasiva. No recuerdo la definición de difusión pasiva. Seguro que tiene que ver con un ser pasivo al que se la difunde todo, y flota en tinta de bolígrafos agotados, haciendo el muerto, mirando un cielo de rotulador pintado a trozos y con desgana. Ese tipo se deja llevar y le preocupa no saber adónde, pero se le hace pesado darse la vuelta y nadar. Sihadeserserá. La tinta azul y negra lo lleva lento, postergando la sorpresa que nunca llega. Y pasan risas, y vientres, y besos y vasos. Y ya han pasado y otros llegarán vete tú a saber cuándo. Y sólo las marejadas le preocupan, cuando el oleaje es tan intenso que ha de bracear sin remedio, y traga tinta de bolígrafos gastados, que luego tendrá que expulsar fuera de sí. A veces lo consigue en forma de letras (unos días más redondas que otras) y otros se tiene que conformar con llorar lágrimas azules y negras, que mojan como el agua y no dejan mancha pero dejan hueco. El tipo pasivo al que se la difunde todo no sabe si es por miedo al nado y al cansancio, pero intuye que lo más parecido en intensidad a esas marejadas es todo lo que pasa por su cabeza mientras flota a la deriva, mirando el cielo pintado a trozos, con rotuladores que se van gastando. Todo esto lo piensa mientras hace el muerto, llorando tinta o escupiéndola, yendo a donde no sabe y quizá no quiere, viendo pasar risas y vientres y besos y vasos, que a veces le tocan. Y él no sabe por qué ni por qué no.

1.4.09

Huevos y flores


Tengo en una mano mis cojones (los metafóricos, esos que duelen con los rodillazos de la vida, no con los balonazos… bueno, con esos un poco también). Pues eso, tengo en una mano mi amago de dignidad/voluntad 1.1 y con la otra estoy tecleando la dirección de una web de regalos.

Vaya.

¿Por dónde íbamos? Sí, con el catálogo de Media Markt. Preguntándonos si rendirnos a la búsqueda de ese nuevo yo que desconocemos si existe pero preco(g)nizan los expertos en varias materias (…cuando inicies tu viaje a Ítaca…) o luchar a brazo roto, manipartido, por ser ese yo que tan bien, tan pulidito nos sale (…april is the cruellest month…). La mala cara luchando contra la sonrisa ineludible. Y aún no sabemos cuál es cuál. Sólo que si se dan de hostias pierdo sí o sí. Y de ganar, no hay garantías. Que aunque haya derrotas que valgan más que cien victorias, no se ha dado el caso de ninguna (me he estado informando).

De todos modos…

Sé que terminaré por pulsar Enter en la casilla perfectamente equivocada, y apretaré más fuerte los huevos. La dignidad, si no duele, no sirve de nada.